El día de la esperanza.-Capítulo 7.-




Capítulo 7.-

El día de la esperanza.-

Me permitieron visitar a Pedro cuando el psiquiatra  lo consideró oportuno y me llevé una agradable sorpresa cuando lo ví, estaba más gordo, por lo menos en comparación con ese pellejo pegado al cuerpo que lucía en el momento de su ingreso y esa piel pegada a sus rostro que lo envejece de forma alarmante. Lo primero que hice es transmitirle tranquilidad y esperanza diciéndole que pusiera todo de su parte para podermelo llevar a mi casa hasta que se recuperara del todo y tuviera un trabajo.

Muy pocas veces he visto llorar a Pedro con ese sentimiento en el que se notaba un profundo agradecimiento, le advertí que no iba a tener consideración si no seguia en la linea correcta.
Para mí no era un asunto fácil tener a un yonky en casa con la experiencia que ya tenia con otros drogodependientes...recuerdo a uno en concreto que tenia a la madre enferma por sus faenas, muchas veces la llamaron de la comisaria porque habían cogido a su hijo con joyas, que resultaba eran robadas en su propia casa a la madre, ella nunca lo denunció y se limitaba a llevárselo a su casa con las joyas que aún no había podido vender... el se secaba las lagrimas y me prometía que todo seria diferente y que no me defraudaría...A mi no me vas a defraudar Pedro, es algo con lo que tengo que contar, pero si te defraudas a ti mismo, esta vez puede que te cueste la vida...

La experiencia más directa fue con un enfermo de Cáritas que me lleve a casa porque estaba recuperado y no tenia donde estar, trabajaba con el hermano en su fábrica y  el lo echó de su casa.
Tenía prescrita la metadona y empezó muy animado y seguro de salir del todo de esa enfermedad.
Su hermano habló conmigo y me dijo que lo dejaba en mis manos y que cuando estuviera seguro que estaba bien, el lo volveria a meter en su fábrica y en su casa.

El primer mes lo vi bien, pero poco a poco lo noté con los primeros síntomas que son tan visibles en un yonky, si había consumido se quedaba dormido en el sillón...me lo llevé un día a Cáritas para que le hicieran un doping y dió positivo por lo que le dije que a mi casa no volviera, de mi casa estaban desapareciendo cosas  y no podía dudar de que el se las llevaba...le conté a Pedro esa historia y me juró que a el no le pasaria, sabia que le iba la vida en ello...

Por fin me lo lleve a mi casa cuando le dieron el alta incluso en contra de los deseos de la trabajadora social que me decía que no sabia en que me metia, yo había tenido la experiencia anterior así que si sabía en lo que me estaba metiendo, pero si lo hice con un desconocido, como no hacerlo con mi amigo de la infancia...

El día que llegamos a casa fue uno de los más felices para mi de los últimos tiempos tan turbulento, el estaba radiante y feliz y sentí un profundo cariño y determinación por seguirlo en su evolución.
Me recordaba a esos días del internado cuando uno de los niños lo adoptaban y preparaba su maletita para irse con sus nuevos padres, había que ver la cara de esos niños dispuesto a esa gran aventura de tener un hogar y unos padres que lo cuidasen, yo era también un crío, pero no se porque motivo se me ha quedado guardado en la memoria tantas vivencias y sentimientos de esos primeros nueve años de mi vida que pasé allí. Algunas veces me río solo en casa cuando voy a levantarme a coger algo y en cuanto llego a la puerta he olvidado que era...¡me digo¡ ¿Como es posible que me acuerde de tantas cosas de mi infancia y olvide tantas cosas de los acontecimientos recientes?...

El primer día fue maravilloso, me sentía feliz de verlo sonreir y las ganas que tenia de normalizar su vida, pero había una cosa que tenia que preguntarle y lo hice. ¿Porque intentaste suicidarte?, tenias que haber hablado conmigo y podíamos haber buscado una solución antes de llegar a esos extremos...creía que éramos amigos y los amigos no se hacen esas putadas unos a otros...
Me comentó su motivo. la noche anterior a eso se encontraba muy mal y enmonado, estuvo pensando en llegar a casa de un matrimonio de amigos suyos y matarlos para robarles, ese solo pensamiento me atormentaba y decidí que no quería vivir así mas tiempo y llegara un día en que del pensamiento pasara a la acción porque no podría vivir con su conciencia así el resto de su vida...
Se sintió aliviado por decírmelo, pero en mi fuero interno me dejó preocupado comprobando en el estado mental al que había llegado, no quería dormir con un ojo abierto mientras estuviera en mi casa.
Procure olvidarme de esos pensamientos y poner con el toda la carne en el asador, llegaron días de vinos y rosas como se dice en las novelas románticas, pero no podía impedirle el hecho a mi mente que pensara por si misma y me dijera...¿Hasta cuando?...

Antes de que se fuera a su cuarto nos reímos muchísimo recordando la vez que en plena madrugada nos vestimos con las sabanas de la cama y pasamos por las otras cama en plan fantasma y diciendo, buuuuu, buuuu, éramos dos fantasmas de seis años asustando a niños de ocho en otro dormitorio,

 algunos lloraron tan fuerte que se presentaron los cuervos para picotearnos con sus nudillos nuestros cráneos siempre pelados por los castigos, pero nunca me arrepentí de nada, la aventura de vivir es maravillosa con esa edad y más cuando uno puede atesorarla de esa forma en los recuerdos...

Ángel Reyes Burgos

El perro del hortelano. Historia 7

Historia 7.- El perro del hortelano. 
¿Qué haré? Seguir mi suerte venturosa;
Si bien, por ser la empresa tan dudosa,
Niego al temor lo que al valor concedo.
Más dejar a Marcela es caso injusto;
Que las mujeres no es razón que esperen
De nuestra obligación tanto disgusto.
Pero si ellas nos dejan cuando quieren
Por cualquiera interés o nuevo gusto,
Mueran también como los hombres mueren...

Esto es lo que dice Teodoro en un monologo cuando se va Diana en la obra del perro del hortelano y quizás en esta nueva historia salve al hombre de su villanía y digo quizás, porque hasta que no llegue al final, no tendré muy claro si podré mantener mi promesa...

Hay muchas personas a las que le va de maravilla el apelativo del perro del hortelano, que ni comen ni comer dejan y este es el caso de la Diana de esta historia que tenía a su Teodoro en un estado permanente de angustia. Antes de dormir tienen una conversación...
Teodoro dice, mañana estrenan la obra del perro del hortelano en el teatro central.
Diana.- sabes que me encanta el teatro y más las obras de López de Vega, pero he quedado con mi madre para ir al bingo.
Pero al bingo puedes ir cualquier otro día, esta obra solo se representa esta semana.
Diana, ¿Pero tú crees que voy a dejar plantada a mi madre por tu capricho de ir al teatro?, además tenemos toda la semana para ir antes de que la quiten,

Está bien, dime qué día podemos ir para encargar las entradas...
Pues el miércoles tampoco podemos porque tengo la reunión de antiguas alumnas y una cena...
Teodoro un poco irritado le dice...dime tu cuando podemos ir...ella piensa y le dice que el Jueves está ocupada en una despedida de soltera y tampoco puede ir al teatro. También le dice que tiene compromiso durante toda la semana...

Yo creo Diana que tú no quieres venir conmigo y te inventas todas esas excusas para fastidiarme.
Quiero que anules unos de tus compromisos y vengas conmigo porque Carmen y Laura van a ir al teatro y sabes que era mi novia y no quiero estar con ellas sin que tu estés presente...

¿Pero cómo? que vas a ir con tus compañeras de trabajo y encima con esa puta de Laura... Yo no he dicho que vaya a ir con ellas, solo dije que iban a ir ellas y no quiero estar sin ti para evitar historias raras...

Pues vete si quieres, yo no voy a anular lo del bingo con mi madre y el resto de la semana la tengo ocupada...el intenta convencerla pero fue imposible, no dejará lo del bingo con su madre.
Por la mañana no se habla del asunto y se van a trabajar con una despedida seca...que te vaya bien en el bingo., y a ti con tu Laura...el suelta un joder con las mujeres.

Teodoro antes de entrar en el teatro se lo pensó, le resultaba incomodo entrar y encontrase allí solo con sus compañeras conociendo los chismes y los celos de su mujer, tomó de nuevo su coche y se dirigió al bingo donde jugaban su mujer y su suegra, pensó en la alegría que le iba a dar a Diana.

Mientras él iba al bingo, su mujer se sentaba una fila más atrás en el teatro de donde estaba Carmen y Laura con dos hombres con sus brazos por los hombros,... con el bolso en ristre, le dio un fuerte golpe al que creía era su marido y salió corriendo de allí abochornada cuando el hombre protestó y comprobó que no lo conocía de nada...

Teodoro viendo que su mujer no se presentaba en el bingo la llamó por teléfono y ella gritando le dijo...pero dónde estás so cabrón, ¿tú crees que me puedes engañar de esta forma?..

Pues ya ven, al final no sale muy bien parada esta mujer en esta historia...

Ángel Reyes Burgos

Doble asesinato .-Capítulo 7


Capítulo 7.-Doble asesinato 

La mujer abrió enormemente los ojos cuando me vio con el cuchillo en la mano, el dolor y la deformación por el porrazo recibido, le impedían gritar y le daba a su rostro un aspecto siniestro, lo que la hacía más interesante a mis viciosos gustos…
Corté sus prendas de arriba abajo dejando al descubierto su voluminoso vientre, algo se movía y puse mi mano para sentirlo, sonriendo y mirando a los ojos aterrorizados de la mujer, clavé el cuchillo por encima de su ombligo y rajé su blando vientre hasta dejar al descubierto una especie de bolsa oscura donde apenas se veían dos niños moviéndose.

Abrí la bolsa y cogí uno de los niños aún unidos a la madre y se lo acerque…come…
Aunque la obligara,  su destrozada boca no le iba a permitir hacerlo, pero nada me lo impedía a mí y dándole la vuelta al niño, arranque de un bocado la tierna parte posterior de su cráneo y con los dedos, vacié su interior para comer sus blandos sesos…
Tuve mala suerte porque ella se desmayó y no pude seguir disfrutando de sus ojos horrorizados, le di el niño a los perros y a continuación saqué el otro y el saco donde estaban para dárselo a mi perra, estaba preñada y tenía que alimentarse bien…

Después de cortarle la cabeza a la mujer, la metí en una bolsa de cuero junto a otros objetos de la choza que me podían servir y nos marchamos sigilosamente monte arriba, el hombre ya tendría nuevas motivaciones para querer matarme y yo un nuevo trofeo para poder enseñarle…estaba pensando en la manera de encontrarlo y dejarle el trofeo y con esa idea nos encaminamos a nuestra cueva…

Si el hombre quería encontrarme, estaría en los alrededores de nuestro primer encuentro
y allí nos encaminamos los perros y yo. Esperé alejado del lugar a que se hiciera de noche y desde una elevación miraba a mí alrededor, antes de anochecer vi en una cañada una fogata, esperé hasta bien entrada la madrugada, el fuego casi no se veía.
Dejé los perros amarrados para que no estropearan mi sorpresa y paso a paso me dirigí hacia donde se encontraba el hombre, al acercarme escuche sus ronquidos que delataban su sueño profundo, me acerque a él sigilosamente con la cabeza de su mujer cogida por los pelos, la deposité en el suelo cerca de sus ojos, no pensaba irme hasta no ver la cara de ese hombre al descubrir tan macabro regalo…

Mi paciencia se agotaba y fui a los alrededores para buscar algo con que despertarlo, en un cepo había un conejo que me dio la solución, lo solté y al llegar donde estaba el hombre durmiendo, se lo lance encima desde detrás de unos matorrales a una distancia que no podía verme, mi truco dio resultado al dar un respingo y tranquilizarse al instante cuando vio se trataba de un conejo, pero al girar la cabeza y ver la de su mujer, un alarido como de bestia resonó por toda la cañada y tuve la satisfacción de ver reflejado en el rostro de ese hombre el autentico miedo…

Quizás ese mismo miedo, le impedía en esos momentos proferir mas amenazas de muerte en su ciego deseo de acabar conmigo, se sentó impotente en el suelo sollozando y mirando la cabeza de su mujer…no, no, no ¿y mis pequeños?...
Estuve a punto de dar una carcajada de triunfo, pero estaba muy cerca y tenía la escopeta que llevaba, podía haberlo matado mientras dormía, pero este juego me gustaba y procuraría que durará más…si no se vuelve loco antes…

A partir de este capitulo, me desligo del personaje que esta afectando mi cordura.

Ángel Reyes Burgos

De vuelta en Sevilla, tomando el té, Capitulo 7.



De vuelta en Sevilla, tomando el té, Capitulo 7.

El día amaneció lluvioso, pero eso no impidió que a las dieciséis hora, las damas bajaran de sus limusinas y subieran juntas con sus paraguas de colores, la escalinata de la mansión de Lucrecia en su primer día de estancia en Sevilla, después del largo periodo vacacional en las Barbados. Desde donde observaba el senador, al pasar por debajo parecía como si hubieran puesto en fila las fichas de un parchís.
Un coche camuflado de la policía judicial con un agente de paisano, contemplaba el espectáculo propio de una puesta en escena de una película de Fellini…

Cerca de ese coche había otro con dos agentes del servicio secreto, las ventanillas tintadas para mantener a salvo de miradas exteriores una cámara de video con micrófono láser que obtenía todos los sonidos a considerable distancia.
Las damas sabían estos detalles y no pronunciaron una sola palabra mientras subían.
Rosario como años atrás, no pudo evitar levantar el dedo corazón hacia Don Tomas el senador, que seguía con su rutina y su prismático mirando el cortejo.

Se diría que este grupo tan pintoresco no había cambiado en sus más de veinticinco años juntas, en la puerta de entrada donde Lucrecia esperaba, se dieron un beso protocolario en las mejillas mientras sonreían artificialmente, cuando la puerta se cerró se besaron todas en la boca apasionadamente.

No dijeron una sola palabra hasta entrar en un salón blindado a escuchas electrónicas desde el exterior, en el interior había cámaras de vigilancia colocadas por Don Tomas, pero eso no le preocupaba, el senador solo vería y escucharía lo que Lucrecia quisiera para bien de sus propios intereses.

Se sentaron las cinco en una hermosa mesa circular blanca de madera de roble lacada en blanco, tenia incrustaciones en mármol rosa de diferente parejas en posturas altamente erótica, en el centro una rosa blanca y a los lados cuatro rosas rodeándola, roja, azul, amarillo y verde.

Un joven musculoso y solo vestido con una pajarita y un delantal, trajo un carrito con algunas bebidas, Rosario siempre se tomaba un whisky, las demás damas un jerez dulce.
En esos preliminares del té, todo era muy inocente a pesar de ese Adonis rondando entre ellas, solo era un mero objeto decorativo viviente al que se acercaba alguna de las manos de las damas para aliviar sus tensiones momentáneas.

Las conversaciones seguían una pauta también inocente y ambiguas sin mucho contenido, solo parecía estar pasando el tiempo hasta que llegara la hora del té.
Si daba la impresión que en la atmósfera flotaba un aire cargado de lujuria, las damas se apretaban las manos como impacientes por algo o por pura ansiedad, se notaban inquietas desde que supo por Lucrecia que había cámaras de vigilancia dentro puestas por el senador, pero sobre todo por no poder exhibir todos sus encantos como les gustaba frente a esas cámaras y aplacar su lujuria allí mismo…
Por las cámaras del senador no se preocupaban, tenían tanto contra él, que sabía que no las iba a utilizar en su contra y podían tomarse la libertad de vez en cuando de regalarle un gesto obsceno…

A las diecisiete hora exactamente, un precioso carrito de madera importado de china, hizo su aparición empujado por ese semental que hacia volver las miradas de las damas, sobre todo cuando los miraba por detrás que el delantal no lo cubría y el mozo conocedor de su oficio, se inclinaba sobre el carrito para pronunciar sus atributos, haciendo que los ojos de las damas se movieran al compás de sus caderas…

Una obra de arte en cerámica china, conformaba todo el juego de té y empezando por Doña Lucrecia, una a una pudo paladear de su taza, un té al estilo moruno, muy dulce y con mucha hierbabuena, un verdadero placer para los sentidos.
En una bandeja de plata haba un surtido de pastas, bombones rellenos de licor y trufas.


A las dieciocho horas, las damas se levantaban y se dirigían a una habitación de la planta alta donde todas sus tensiones desaparecerían… 

Ángel Reyes Burgos

Al borde de la muerte.-Capítulo 6.-




Capítulo 6.-


Al borde de la muerte.-

Pedro imponía enchufado en todos esos cables y aparatos que lo rodeaban para mantenerlo con vida, me impacto ese triste espectáculo y me recordó a mis dieciocho años cuando un amigo estudiante de medicina me llevó a la sala de disección del instituto anatómico forense donde le tocaba hacer unas prácticas. El olor era sofocante cuando entré en esa sala llena de mesas con cadáveres en diferentes estados de disección, algunos con el tórax abierto, otros con el cráneo levantado, aunque era muy desagradable, lo que más me impactó y no comprendo el motivo, era una joven muy guapa que tenia algodones en los ojos, un estudiante me pregunto si quería ver sus ojos que eran azules y hermosos, le contesté que si y le quitó los algodones para mostrar una negrura infinita en unas cuencas vacías.

Confieso que estuve tres día sin dormir y apenas podía comer, analizaba continuamente lo que somos y que nunca me había planteado, solo un conjunto de vísceras, huesos y carne donde el Dios que yo conocía había desaparecido, pues no podía comprender a ese Dios todopoderoso que me habían enseñado, no entendía sus planes ni porque permite que el hombre terminara así, necesité tiempo para asimilar ese echo, quizás por que hasta ese momento jamás me había encontrado con la muerte.

Me costó aún más entender a esos estudiantes que gastaban bromas y reían continuamente, uno de ellos incluso con un bisturí en la mano y un bocadillo en la otra, abría el vientre de un señor gordisimo y podía contemplar una grasa amarillenta bajo su piel...me sentí de pronto mareado, me faltaba el aire y tuve que salir apresuradamente de allí. Pasé mucho tiempo muy mal viendo al hombre desde una perspectiva que no me llevaba a ninguna parte, solo a perderme en divagaciones existenciales haciendo que mi cabeza fuera un caos total...

Un movimiento de cabeza de Pedro, me sacó de esos pensamientos para ver esta otra realidad que se me planteaba más dura por su cercanía en el tiempo y a una persona que tanto cariño le tenía, el anterior recuerdo me pareció en ese momento un asunto nimio en comparación con esta realidad presente, necesitaba apartar la vista de ese triste espectáculo y me preocupé por saber quien era su médico para hablar con el y me explicara la situación, el no tenia familia por lo que el medico me dio las explicaciones oportunas.

Había ingresado por un intento de suicidio con barbitúricos y cortes profundo en los brazos que le seccionaron varias venas, lo encontró la policía local por una llamada de un señor que lo vio a las afuera de la ciudad en una barriada conocida por las autoridades como punto caliente de drogas.
Había un gran charco de sangre bajo el y tenia el conocimiento perdido, según el doctor, solo su juventud le salvo de una muerte segura. Me aseguró que fue un intento con todas las señales de querer triunfar en el intento y no solo como otros que lo que quieren es llamar la atención por necesidad de que los ayuden...

 Dentro de su gravedad, me dijo que estaba evolucionando bien y que se quedaría una vez pudiera sacarlo de la unidad de cuidados intensivo, en la planta de pacientes con problemas psiquiátricos,
pero la única posibilidad que tenia de no volver a intentarlo pasaba por una desintoxicación absoluta
y un largo periodo de cuidados con el equipo de psicología, sobre todo con una terapia de reeducación para integrarse de nuevo en actividades que le hagan sentirse útil para si mismo y la sociedad. Se había automarginado por su adicción.
Aunque el medico aún no había hablado con el, conocía muy bien por su experiencia la forma en que tenía que tratar este tipo de problemas.

Cuando salí del hospital con la asistenta de Cáritas, tomamos un café y comentamos el problema de Pedro y la forma de ayudarlo, le comenté que había pensado llevarlo a mi casa y poder seguir su evolución, seguramente si encontraba un poco de cariño y ayuda, podría salir con mas facilidad adelante. Me advirtió por su experiencia con los enfermos del centro de drogodependencia de Cáritas,
si no dispone uno de una gran preparación, es muy difícil sacar adelante a este tipo de enfermos que se convierten en mentirosos patológicos, pues si sienten el mono pueden engañar a su propia madre.

Le comenté que en esos meses que tenía que estar en el departamento de psiquiatría hasta que el doctor le diera el alta, saldría sin dependencia y seria más fácil para mi ayudarlo a salir adelante.
Tu no lo conoces como yo, es un gran hombre y con mi ayuda y el aliciente de recuperar su vida de nuevo, se que va a poner de su parte todo le pueda...Ella meneaba la cabeza pero no me quitaba la idea directamente, de todas formas entendería como yo que más vale la pena intentarlo...

Me fui para mi oficina pensando a lo que me enfrentaba, pero seguía teniendo en mi mente a ese pequeño del internado con el que tantas aventuras había vivido y por las que tantos castigos recibimos, sobre todo aquel día que estábamos los dos con cinco años pegados a unos trabajadores de la huerta que recogían unas patatas, nuestra misión era esperar a que tiraran las colillas de sus cigarros para fumar, la primera vez que lo vi darle una calada al cigarrillo, dos lágrimas le corrían mientras tosía de manera convulsiva, yo no podía dejar de reír, hasta que me tocó a mi coger una colilla y meterme el humo en mis vírgenes pulmones, el muy cabrito se orinó encima riéndose y como por encanto, aparecieron dos ángeles vengadores con ropa negra y toca de paloma para

llevarnos cogido por las orejas camino del cuarto de los castigos...lo único que realmente nos preocupaba a los dos, era que pasaremos el día sin comer y la noche sin dormir por los retortijones de la barriga, pero aún así nos mirábamos y nos reíamos de la aventura vivida, ya éramos hombres...Unos hombres con cinco años y muchas aventuras en la mochila...

Ángel Reyes Burgos

Las mujeres y la cocaína... Historia 6.

 Historia 6.- Las mujeres y la cocaína...
Rebeca fue a primera hora de la mañana a la oficina constructora propiedad de su marido para hablar con él, no había dormido en su casa ni había llamado y se sentía preocupada.
Le atendió Alejandra, una secretaria sin estudios ni conocimientos para estar atendiendo un despacho que requería de conocimientos técnicos e interpretación de planos para asesorar a los clientes.

Es la primera vez que veía a Alejandra que miraba la pantalla de un ordenador con unos planos que a juzgar por la expresión de su rostro, pareciera se había perdido por el laberinto de su blusa estampada.
Buenos días, ¿está don Emilio? ¿De parte de quien por favor?, soy su mujer...
Alejandra titubeo y en su rostro quedaba patente un gesto de contrariedad, un momento por favor, se dirigió a uno de los despacho y sin llamar entró...
Dándole un beso en la boca después de cerrar la puerta del despacho, le dijo que estaba allí su mujer, don Emilio se puso blanco, hizo amago de dirigirse a la puerta trasera para salir y ella le dijo que no, que tenía que afrontar la situación y le dijera que era su amante...

Le dio una fuerte bofetada diciéndole, tu estás loca puta de mierda, no olvides que estás aquí sin hacer nada porque me sale más barato que ir cada noche a la güisquería para verte y pagar por tu salida... con lagrimas en los ojos se encaminó a la puerta trasera del despacho y se marchó del edificio.
Emilio salió del despacho para ver a su mujer a la que calmó con mentiras de haber estado trabajando toda la noche para terminar un presupuesto que tenía que entregar.

Salieron a tomar café y ella le preguntó al marido que quien era la nueva secretaria que le había atendido y que no volvió a ver, le contestó que solo estaba de prueba. Estando sentado en la terraza de la cafetería, Rebeca hizo señas al marido en dirección a la acera de enfrente... ¿no es esa tu secretaria?...si es ella.
¿Y por qué va a entrar en ese club de putas?...no tengo ni idea ni me interesa...la despediré.

Rebeca ya más tranquila se despidió del marido y se fue a su casa, en cuanto se marchó, el se dirigió a la güisquería y se fue directamente hacia donde ella alternaba con un cliente en la barra, la tomó del brazo y tiró fuertemente de Alejandra, ven aquí puta...el cliente intentó separarla de él y sin mediar palabra lo tumbó de un puñetazo...tu no te metas y lárgate de aquí si no quieres más. La bajó al sótano y con una señal a una de las mujeres tocándose la nariz, le acercaron una bandeja de plata con cocaína...le dio a esnifar antes a ella una buena raya y se sirvió el otra, a la segunda raya estaban abrazados y parecían la pareja mas enamorada de la tierra, cuando se terminó le dijo, tú tienes tu trabajo de secretaria conmigo y no quiero verte aquí más.

El vicio de los dos, estaba mermando la capacidad de la empresa y cada vez se encontraban con más problemas económicos y menos trabajo. Frecuentaban el antro donde le proporcionaban la cocaína y eso hacía que sintiera continuos celos por los antiguos clientes de ella que no dejaban de agasajarla y ella disfrutaba con ese juego haciéndole sentir cada vez mas deprimido...

Habían cogido un apartamento junto y el cada vez iba menos a su casa, a su mujer la tuvieron que ingresar quince días por trastornos nerviosos y las cosas se pusieron aún peor para él cuando su amante murió de una sobredosis, para empeorar su vida, hacienda lo embargó...

Emilio llegó un día a su casa como un gato escaldado y con lagrimas en los ojos le pidió perdón a la mujer que ya sabía todo el asunto por mediación de un empleado de la constructora...
Ella no quiso escucharlo y le pidió la separación diciéndole que no podía volver a vivir bajo el mismo techo que él, el daño que le había hecho era irreparable...él le dijo que si le pedía eso se suicidaría y Rebeca encogiéndose de hombros se metió en su cuarto.

Vivían en una casa de dos plantas y al escuchar un fuerte ruido desde su dormitorio, salió al pasillo de la planta superior y don Emilio colgaba del cuello de la lámpara central, se sentó en una silla mientras lo miraba patalear hasta quedar sin vida mientras el, con los ojos muy abiertos moría mientras miraba la frialdad de su mujer...

Esta historia es absolutamente cierta y conocí a los protagonistas...solo he cambiado los nombres.

Ángel Reyes Burgos

Cruel venganza...Capítulo 6.

Capítulo 6.-Cruel venganza

Se alejó todo lo que pudo de ese maldito lugar con su muslo sangrándole de forma alarmante, se limpió y colocó un emplaste que hizo con hojas medicinales, rasgo su camisa y con unas tiras se hizo un vendaje y se echó a dormitar un rato, la fiebre y las pesadillas no lo dejaron pero aún así, al amanecer se sintió mejor y descansado.
Se dirigió a la aldea en busca de provisiones para volver al monte el tiempo necesario para cumplir su venganza…

En la cueva, el salvaje miraba con curiosidad el hinchado vientre de la hembra, lo había contemplado en los lobos y en otros animales que había visto parir y se preguntaba…
¿Cómo será lo que tenga dentro?...se le pasó la idea por la mente de abrirla para saciar su curiosidad  y después coserla de nuevo para que no muriera, pero lo dejo pasar por que no estaba seguro si moriría desangrada…lo pensaré mejor…

Llamó  a los perros, vamos, hoy tenemos comida fresca, se encaminaron al pozo donde dejaron al hombre cubierto y empalado y estampo con toda su furia la maza sobre un palo en el borde, al comprobar que el hombre no estaba en su interior, los perros miraron asustados al ver la cara desencajada de su amo, busquemos el rastro, hay que encontrarlo…
El fino olfato de los perros lo llevó hasta una mancha de sangre donde el hombre se había curado las heridas, desde ese punto tomaron el rastro del hombre hasta que lo divisaron muy a lo lejos y de un bastonazo en los lomos de los animales, acabó con los incipientes ladridos  que surgían de su garganta…silencio…

Lo siguieron a cierta distancia, la dirección que llevaba, iba camino de la aldea, ellos seguirían sus pasos.
Se apostaron en lo alto de un cerro bajo desde donde se veían la chozas, vieron al hombre entrar en una, esperaron y al cabo de una hora el hombre aparecía de nuevo con una gran escopeta y un cuchillo de caza en el cinto, portaba a la espalda una mochila que debían ser alimentos. En la puerta estaba la mujer que se veía preñada y con gestos de querer retener a su marido, no escuché lo que decía, pero lo agarraba y tiraba de el hacia dentro. Pero ese hombre solo tenía una idea fija en la cabeza y nadie le haría cambiar…

Las chozas estaban muy separadas unas de otras porque cada familia tiene un huerto para cultivar alimentos y unos corrales donde crían sus animales, en el centro de la aldea, hay un recinto casi circular donde se reúnen para intercambiar sus productos, solo una vez al mes, una carreta se acerca desde el pueblo más cercano a suministrarles artículos que no tienen y alguna carta…

Eso me daba la ventaja de poder acercarme a una choza sin que me vean y yo ya sabía dónde tenía que ir…llegue a la misma puerta de donde salió el hombre y de una patada la abrí, sin darle tiempo a reaccionar sujete a la mujer con fuerza por la garganta y la tendí sobre la mesa, la golpee fuertemente en la boca con mi maza y sus dientes volaron envueltos en sangre, ya dominada la amarre pos los miembros a las patas de la mesa mientras farfullaba…por favor no me haga daño, estoy embarazada…
La visión en la mañana de mi perra preñada, me dio una idea…veamos que tienes dentro…tomé un gran cuchillo de cocina y me dispuse a saciar mi curiosidad…

Ángel Reyes Burgos

Las damas desaparecidas. Capitulo 6.

Las damas desaparecidas. Capitulo 6.

Avisada Lucrecia de la próxima visita de la policía, aunque sabía que por el momento no tenía nada sólido para arrestarlas, decidió que ya era tiempo de tomarse un largo descanso y dejar enfriar todo el asunto. Llamó a las amigas y esa misma noche tomaron todas un vuelo a las Barbados. Compraron una gran mansión y se dedicaron exclusivamente a su propia felicidad sin negocios o problemas que las distrajeran.

Salían con mucha frecuencia  juntas, a cines, teatros y restaurantes, pero jamás se relacionaban con hombres, sus necesidades las tenían bien cubiertas en la noche cuando en una gran cama giratoria y con espejos en el techo y las paredes, copia exacta de la que tenía Lucrecia en su mansión, se dedicaban a practicar las posturas del Kamasutra…

El topo que tenía en la policía judicial, le informaba de los avances que se hacían sobre el caso de las damas misteriosas como se le había etiquetado…pero el caso por el momento estaba paralizado por falta de pruebas incriminatorias contra ellas y el jefe de policía no encontraba suficientes argumentos para autorizar un viaje de su equipo a las Barbados…por el momento las damas estaban a salvo y disfrutando de su descanso.

En esa feliz etapa de sus vidas, las damas rondaban los treinta y cinco años, pasarían diez años más hasta que decidieran volver a Sevilla asesorada por su topo que decía no había nada que temer.
Un nuevo jefe de policía se había hecho cargo de la comisaría central y archivado la investigación por falta de pruebas incriminatorias, solo parecían hechos circunstanciales
Pero al hacerlo, tuvo el mismo presentimiento que el anterior investigador, demasiadas coincidencias en los asuntos relacionados con esas señoras. Retomaría el caso si esas damas volvían a Sevilla y se produjera alguna nueva contingencia.

En el expediente había una nota relacionada con una visita que le hizo su antecesor a Don Tomas el senador, decidió que iría a entrevistarlo. A la mañana siguiente llamó a su puerta y el criado lo hizo pasar a su despacho.
Don Tomas, vengo a hacerle unas preguntas sobre Doña Lucrecia que tengo entendido era su mujer.
Está usted en un error, solo era una ahijada mía, una señorita que la tome bajo mi protección al salir del internado y cuando se hizo mayor de edad, le deje la mansión de mis padres para que tuviera su  propia vida. No tengo relación con ella y en estos últimos diez años no he sabido donde se encuentra.

El jefe de policía volvió a la central y archivó el expediente en casos sin resolver, aunque en el fondo pensaba que no tenía ningún caso…quizás después de todo las damas no hicieran nada malo.


Cuando el senador se quedó a solas, llamó a su contratista de obras para preguntarle como iban los trabajos que se hacían en el sótano colindante a la medianera de la casa de Lucrecia. Sus padres fallecidos les dejo con los planos de las dos mansiones, donde residía el y la de al lado que le cedió a Lucrecia mediante chantaje, esos planos serian cruciales para el desenlace final que había preparado para las damas…

Ángel Reyes Burgos

Capítulo 5.- Doloroso encuentro...


Capítulo 5.-

Doloroso encuentro.

De camino al hospital la cabeza me daba vueltas, intentaba tranquilizarme diciéndome a mí mismo que todo se solucionaria, mi amigo era un hombre joven y fuerte aún incluso con ese enorme bajón que ha dado últimamente. Intente acceder a mi banco de memoria para encontrar esos agradables momentos de nuestra infancia y sonreí de pronto al recordar el sueño de anoche y otros de los chichones que me gané, esta vez fue en el comedor de verano, un precioso sitio más parecido a un merendero con mesas y asientos de piedra entre unos arboles del jardin. La casa cuna la recuerdo como un sitio precioso y he vuelto en muchas ocasiones para recordar y sentir mi niñez.

Estaba en ese comedor de verano con un plato de remolacha que odiaba por la frecuencia con que la ponían, vacié mi plato sobre unas servilletas y me levanté para tirarla al aire sobre el jardín de al lado de la casa del cura, con tan mala suerte, que por el aire se salió toda la remolacha del papel pareciendo un festín de color rojo adornando el cielo...aún estaba absorto con el espectaculo temiendo que me hubiera visto algunas de las monjas que pululaban por el comedor dispuesta a darte un golpe con el cucharón que era su elemento preferido en el comedor para ponerle las pilas a los traviesos...el golpe no tardó en llegar sobre mi cabeza cuando aún no había notado su presencia detrás mía.
Sonreí de nuevo al pensar en eso y convencerme que desde luego tan rápidas apariciones sin que yo lo advirtiera, solo podía ser debido a esa transmutación que sufrían en cuervos...

Un hilo de sangre me corría por la cara, la monja se asustó y me tomo de la mano haciéndome correr hasta la enfermería donde me lavó la herida y me puso mercromina, yo solo pensaba en la próxima invasión de piojos para después del afeitado reglamentario, presumir de mis heridas de guerra y la larga ausencia impuesta por mí hacia la gran aventura de esconderme de las monjas para encontrarme con ese niña tan preciosa que me hacia soñar despierto...

La vista a lo lejos del hospital, me hizo volver a la dolorosa realidad del momento y toda alegría desapareció como por encanto, quise aferrarme de nuevo a los recuerdos un poco más para traer a mi memoria el día que hicimos el belén viviente, donde mi preciosa chiquilla hacía de virgen Maria y yo con una barba que me picaba horrores hacia las veces de San José. Mi vista no se apartaba de esa cara tan bonita y lloré con ella cuando muy cansada por las horas que estábamos quietos, quería salir del portal de Belén y la misma monja que me hizo la última herida, le daba solapadamente con una regla es las piernas para que no se moviera, había publico y teníamos que quedar bien...

Tampoco le quitaba la vista a mi amigo Pedro que vestido de pastorcito tomaba del lazo rojo al corderito que tenía al lado, me ponía nervioso que no le quitara el ojo a esa preciosa virgen Maria.
Cuando por fin descansamos del belén viviente, pudimos estar en el pasillo unos momentos a solas y nos cogimos de la mano, ya era una mujercita con sus cuatro años y yo la quería para mi solo, le prometí que cuando fuéramos mayores me casaría con ella, la mala fortuna quiso que u pajarraco se presentara de improviso para separarnos las manos y darnos dos buenos coscorrones, me partió el alma ver como lloraba sin que pudiera hacer nada. 

Empecé a odiar a ese cuervo y me vengue de ella cuando en una excursión en autobús, me puse sigilosamente detrás de ella y de un tirón le arranque la toca, esas que llevaban antes que parecían dos alas para volar, dos alas blancas que disimulaban la negrura de sus verdaderas alas...los gritos de alegría de los niños me sorprendieron y confundieron al ver ese pelo corto de la monja pegado por el sudor del verano, me recordó a una rata mojada y empecé a reírme. La monja empezó a llorar seguramente humillada, pero tomó el relevo del castigo otra monja que desde atrás me propino tal guantazo que me tiró al suelo...yo seguía riéndome...

No me habia dado cuenta que absorto en mis pensamientos, estaba en la misma puerta del hospital
y toda sonrisa de mis últimos recuerdos desaparecieron de pronto, aunque estaba impaciente de ver a Pedro y saber como estaba, tomé el pasillo hacia los ascensores e intentaba tranquilizarme convenciéndome que no sería tan grave...me paró la asistenta de Cáritas que me acercó hasta un cristal de la unidad de cuidados intensivos, la impresión que me lleve se quedaría por mucho tiempo grabada en mi retina...

Historia 5.- El hombre de las rosas...

Historia 5.- El hombre de las rosas.


Ágata movía lentamente el café absorta en los remolinos que producía con la cucharilla, parecía ajena a todo pero sus pensamientos no dejaban de dar vuelta alrededor del apuesto barón que unos minutos antes se había sentado en el velador cercano de la terraza de la cafetería el paraíso...
El hombre vestía elegantemente y por su porte y forma de sentarse, parecía estar acostumbrado a moverse en habientes de la alta sociedad. Sabía que no se equivocaba cuando un chófer uniformado se acercó desde una limusina aparcada enfrente para entregarle una rosa roja.

Ella era asesora y socia de un gran bufete de abogados y estaba vestida con un traje de chaqueta y falda que le daba un aspecto de tiburón de los negocios, sus grandes ojos negros se iluminaban con el brillo de la inteligencia y eso a muchos hombres suele acobardarlos, pero no a Diógenes, marqués de la cañada y conde de las sierpes, que a sus cuarenta años, conocía las montañas más alta de la sociedad y las más sórdidas...

El marqués con la rosa en la mano, parecía titubear mientras miraba a la dama a hurtadillas y por fin se decidió y se levantó dirigiéndose a la mesa de Ágata. 
Disculpe señorita, no he podido evitar reunir a dos bellezas de la naturaleza y entregándole la rosa, hizo gesto de volver a su mesa, ella le pidió que se sentará un momento pues tenía que ir al juzgado más tarde y tenía tiempo para dedicarle a ese apuesto y amable caballero.
Con mucho gusto y tendiéndole la mano se presentó, me llamo Diógenes, encantada,  yo soy Ágata, pero en lo de señorita anda algo errado, soy casada y tengo dos preciosos hijos...

Eso no mermó la decisión del hombre que con una gran sonrisa le dijo, el casamiento tiene una solución. Ella coreo con su sonrisa lo que parecía ser solo una broma, aunque le recorrió un escalofrío por la espalda.

Mantuvieron durante quince minutos una amena conversación que en el fondo preocupaba a Ágata, pues ese hombre cada vez le parecía más fascinante y eso entrañaba cierto peligro para una mujer que jamás había puesto los ojos en un hombre que no fuera su marido.
Cuando iban a despedirse, él le habló de un precioso jardín japonés que se hizo construir recientemente en la mansión y que le encantaría algún día enseñárselo y ella dijo que algún día lo conocería.

Durante tres semanas se llamaron casi a diario para saludarse y algo iba creciendo en el interior de Ágata, aunque se resistía a aceptar sus invitaciones para salir a cenar. La noche que por fin salió con el, le pareció un sueño, había hecho instalar en el jardín japonés de su mansión, una mesa con preciosas rosas rojas y una gran fuente con langostas y mariscos variados y ya que se había decidido, no pensaba desaprovechar la noche...amaneció desnuda en los brazos de Diógenes con sentimiento de culpa, que acalló haciendo el amor en la gran bañera que había junto al dormitorio...  

Ágata sabia que se estaba enamorando locamente y eso le preocupaba, pero más le preocupaba, el que el jamás hablaba de su vida privada y le dejaba la sensación de que algo le ocultaba. Decidió hablar con un fotógrafo dedicado a levantar infidelidades para que lo siguiera, se llevó una gran sorpresa cuando al cabo de un mes el fotógrafo la visito llevándole cinco fotografías, una que se había tomado automáticamente de la cámara que instaló en su dormitorio y cuatro más que encontró en sus cajones...en las cinco aparecía una mujer desnuda y atada a la misma cama que ella reconocía y entre sus labios sujetaban una rosa roja...

La rabia y el dolor se mezclaban a partes iguales por que ella le había hablado a su marido de su amante y le pidió el divorcio y se dio cuenta que había arruinado su matrimonio por un miserable...

Con la mente fría, una noche en el dormitorio después de hacer los preparativos necesarios, Ágata le dijo que quería jugar a algo más atrevido y le pidió que se desnudara, lo amarró a la cama por las manos y las piernas y le vendó los ojos...disolvió varios somníferos en vino y se lo dio a beber, cuando estaba dormido le puso una rosa entre los labios y con hilo de pesca le cosió la boca a la rosa y se sentó a esperar que despertara...con los labios hinchados por la gran aguja que había utilizado y el grueso sedal, tenía un aspecto repugnante...

Empezó a notar el movimiento del cuerpo al despertarse y su agitación al sentir el dolor, le quitó la venda de los ojos y pudo ver frente a él las fotos de cinco mujeres desnudas atada a la cama con una rosa y varios recortes de prensa informando de la desaparición de esas mismas mujeres.
Diógenes se sentía horrorizado al entender lo que estaba pasando...ella le preguntó señalando a las fotos, ¿me quieres explicar que es esto?...ummm, ummm, ya se, pobre hombre, no puede hablar...

Tomó del botiquín una botella de alcohol y se lo hecho por la boca...esto es para que no se te infecte...
Diógenes se retorcía del dolor en la cama y la miraba como si contemplara al mismo diablo... Tomó el teléfono y llamó a un amigo de la brigada de homicidios para contarle donde estaba ese asesino pidiéndole no la involucrara en la investigación...


Ágata se marchó a su casa y se metió en la bañera para limpiarse toda la suciedad que sentía en el cuerpo y en el alma y después se acurrucó junto a su marido diciéndole que si le daba el divorcio lo mataba, el sonrió y le dio un apasionado beso y firmaron las paces hasta el amanecer...

Ángel Reyes Burgos